Paraguay: nada que festejar, mucho que denunciar
Desde que estoy en Asunción no dejo de maravillarme a cada segundo de la fuerza de voluntad y movilización de la gente que aquí vive y ahora me rodea. Paraguay es un país lleno de contrastes y contradicciones que vive una pseudo-democracia recién horneada, donde la libertad de expresión y derechos personales son meros eufemismos.
No obstante, las voces de muchos se alzan contra el poder y me sorprendo cada día del entusiasmo y emoción con que lo hacen.
Sus ansias de revolución social no son un hobby ni una dedicación parcial, sino una forma de vida: la suya. Desde bien temprano hasta entrada la noche, los jóvenes de la Casa de la Juventud con la que trabajo asisten a protestas, encuentros con jóvenes, talleres, manifestaciones... Se reúnen con diferentes colectivos para escuchar sus necesidades y trabajan en grupo para aunar fuerzas y no dejar nunca de incomodar al gobierno corrupto que les dirige.
Lo más sorprendente: cuanto más humildes son, más tienen para compartir. Y yo me preguntó cómo es posible que existan sociedades tan diferentes en un mismo planeta.
Ojalá que la esperenza (y necesidad) de un mundo mejor y el entusiasmo que me contagian pueda transmitirlo a mi regreso al día día burocratizado del sistema de vida capitalista.
Y con trabajo e ilusión poder hacer de la pequeña realidad que me rodea, un mundo más justo y solidario!
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dilluns, d’agost 20, 2007
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